jueves, noviembre 11, 2010

PASIÓN POR LA PROFESIÓN


Inmersos como estamos en una época de convulsión económica, de ajustes pretendidamente justos, de petición de sacrificios laborales y salariales, de aparente desprestigio sindical, si además se loa la pasión por la profesión, se corre el riesgo de que denosten al que lo hace o que, desde otro lado, se aproveche para aumentar aún más la solicitud de generosa contribución a la superación de la crisis.

Pero no son los problemas laborales achacables a la actual situación lo que nos lleva a esta reflexión. En estos días hemos tenido oportunidad de escuchar palabras de entusiasmo por ser y ejercer como fisioterapeuta. La que las pronunciaba era Ana María Pérez Gorricho, presidenta de la Asociación Española de Vojta, con ocasión de un curso sobre terapia Vojta celebrado en nuestro hospital. Podemos decir poco sobre la biografía profesional de esta fisioterapeuta pero nos atrevemos a deducir que es un ejemplo de emigración desde un país lejano, con ansias de superación, de aprendizaje, que le llevó a profundizar en aquella terapia y a difundirla. Atisbamos en su actitud una apertura de miras, de reconocimiento hacia otros enfoques terapéuticos, de predisposición hacia la formación continuada y de exquisito trato con el paciente. Son cualidades envidiables y deseables, a pesar de que son, quizás ingenuamente, presupuestas en cualquier profesional sanitario.

En la actualidad, pensamos, sentir pasión por la profesión que uno eligió y tiene la suerte de ejercer, no está de moda. Puede parecer algo trasnochado o utópico. Pesarían más planteamientos pecuniarios, individualistas, pragmáticos. La vocación que nos llevó a elegir unos estudios, o la surgida en la práctica de una profesión, parecen formar parte del pasado. Muchas veces el entorno, las condiciones laborales, sirven de excusa para tomar unas actitudes más cómodas o menos implicadas. Y no nos parece extraño. Cualquier esfuerzo, cualquier trabajo, cualquier pasión, han de ser alimentados. Los fisioterapeutas comparten ploblemas y tiene algunos propios que desvitalizan no ya la vocación sino un ejercicio comprometido en sentido amplio. Y eso a expensas de no ceñirse a los principios y valores deontológicos de la profesión. Por eso, encontrarse con colegas como Ana María Pérez Gorricho supone un aldabonazo y un acicate. No podemos exigir ni exigirnos una respuesta inmediata e íntegra. Pero tampoco perder de vista que buscar la excelencia es una obligación del profesional sanitario. Si se conserva algo de pasión el camino será menos sinuoso.

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