miércoles, junio 18, 2008

POR LA CORRECCIÓN DEL LENGUAJE ENTRE LOS PROFESIONALES DE LA SALUD

Incorrecciones, anglicismos mal empleados, importación directa desde el inglés, desconocimiento, abuso de los acrónimos,...Leyendo en las historias clínicas y, lo que es peor, en la literatura científica, específicamente en la de ciencias de la salud, vemos todas esas cosas. No es que nosotros seamos doctos conocedores de la lengua castellana, pero sí hacemos el intento de emplearla correctamente, seguramente con errores que los lectores de esta bitácora habrán descubierto en alguna ocasión. A modo de ejemplo, hemos visto con perplejidad, asombro, desesperación a veces, perlas como ombro, screw, versus (en lugar de la conjunción "o" o de "frente a"), presión arterial (en lugar de "tensión arterial"), shunt, screening, taping, test, journal,...y mucho más, tanto que algunas de esas palabras se han afianzado al punto de parecer imposible prescindir de ellas.


No hace muchos años, a los titulados universitarios, a las personas con cierta relevancia social, como médicos y maestros, se les suponía una formación completa, amplia. Hoy en día parece claro que esto no es así. La degradación del sistema educativo se manifiesta cuando al culminar la formación más extensa y exigente se mantienen y no se corrigen deficiencias impropias de una enseñanza de calidad. La comparación con el pasado, cuando el profesional médico poseía, junto con la formación propia de su disciplina, una mayor o menor formación humanista, es inevitable. Las generaciones recientes, a las que por los pelos no pertenecemos, han crecido en un ambiente de, como diría Fernando A. Navarro en su bitácora Laboratorio del lenguaje, anglomanía galopante.Desde hace años, para algunos en verano llevamos shorts, en lugar de pantalones cortos, compramos tickets (o tiquets, en su versión bárbara) en lugar de entradas, mandamos SMS en lugar de simples mensajes, estacionamos nuestro coche en un parking, compramos un kit de herramientas en lugar de un lote o juego, se hacen test de embarazo y no pruebas, enviamos mails (¿es tan difícil pronunciar correo?), y así un largo etcétera. Los jóvenes y no tan jóvenes, con sus incorrecciones intencionadas en mensajes electrónicos y abreviaturas ininteligibles, están contaminando el lenguaje de forma descarada. Y esta es la semilla del futuro. Los medios de comunicación, cuyas crónicas son elaboradas por flamantes licenciados, ayudan a que esta tendencia se extienda sin pausa. Un detenido se convierte en "arrestado" y una prueba judicial se convierte en evidencia (no deben conocer los "false friends"). Así que no es de extrañar que tanta permisividad lingüística se extienda al lenguaje de los profesionales, a los que se presupone un lenguaje correcto. La comodidad y las malas traducciones cumplen también su papel, no preocupándonos por buscar el equivalente castellano a los términos foráneos. Existen, por otro lado, recursos necesarios y aceptados, como la elipsis ("No signos de dificultad repiratoria", "Saturación O2 en rango"), que abrevia la confección de la historia clínica, o los acrónimos (BEG, HTA, IRA, DM, EMO), de los que se abusa en ocasiones y complican la comunicación con profesionales ajenos a nuestra disciplina o especialidad.

La Fisioterapia, como el resto de profesiones sanitarias, se ve afectada por esta corriente. El balance muscular se convierte en "testing" muscular, "testamos" la capacidad aeróbica, hacemos un "test" de cajón anterior de rodilla en lugar de una prueba, un estudio es "randomizado" (error especialmente sorprendente) en lugar de aleatorizado, la fisioterapia basada en pruebas se convierte en basada en evidencias (es decir, en lo que no se tiene que probar), se hace reducción del "slack",un "toigle recoil" o un "thrust", y un síndrome subacromial es un "impingement".

Desde la docencia debemos, en nuestra opinión, contribuir a que el lenguaje se use correctamente. Parece que los que se supone tienen el mayor nivel educativo, los titulados universitarios, debieran tener un manejo del lenguaje acorde con él. Las jergas profesionales son compatibles con la corrección lingüística, especialmente en la comunicación escrita. Esperamos, que como los hablantes de otras lenguas peninsulares, los hablantes del castellano, y los que se suponen más "educados" a la cabeza, hagamos algo para evitar su degradación fruto de modas sibaritas, pedantería, comodidad o incultura.



Bitácora muy interesante "Laboratorio del lenguaje".

Más Fisioterapia.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

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vendaje neuromuscular dijo...

Interesante reflexión. Nos creemos más cultos por incluir anglicismos en nuestro lenguaje interprofesional.
¿kinesiotaping o vendaje neuromuscular? Otro ejemplo más...