lunes, diciembre 01, 2008

LA SANIDAD EN CRISIS

Estamos en tiempos de crisis. Sólo los más pudientes tentarían dudar ante ello. Por si acaso, nos lo recuerdan constantemente. No hace mucho leímos que esta vociferada crisis no afectaría al sistema sanitario. La implicación personal de nuestros más altos mandatarios en el compromiso con el gasto (o inversión) social sería garantía para que las prestaciones sanitarias no se afectaran. Pero no olvidemos que la gestión de la sanidad pública es competencia de las Autonomías. Y, ¿qué pasa entonces?.


La crisis nos afecta. Nos afecta como integrantes del Sistema Nacional de Salud y como ciudadanos receptores de servicios sanitarios. Parece que es la patente de corso para aminorar el gasto sanitario. Como no somos gestores desconocemos el alcance macroscópico de las directrices sobre control del gasto. Pero el trabajo de campo, el día a día del hospital o del centro de salud nota las repercusiones de la recesión. Se frena el gasto en materia de personal, se deja de sufragar la formación, se paralizan planes de necesidades, no se repone material de uso para nuestro trabajo. Y como justificación está la crisis. "No hay dinero", se escucha en los pasillos. No queremos pensar lo que pasará con otros gastos: obras, servicios externos, renovaciones, ...En el capítulo de retribuciones no se compensa (desde hace años) la subida del costo de la vida, la Carrera Profesional no se dotará en su cuarto nivel de incentivo económico, por ejemplo. Pero hay que entender que en las crisis nos tenemos que apretar el cinturón. Todos los afectados lo haríamos con nuestras economías domésticas. Ahora bien, más allá de lo observado, no nos gustaría que las motivaciones fueran un subterfugio para aminorar gastos a costa de un merma en la asistencia sanitaria. Hay una disminución asumible en el contexto actual, pero siempre que sea transitoria. No es admisible, en materias como esta, provocar un ajuste que disminuya la calidad. Porque no se trata de un gasto, sino de una inversión de futuro hasta ahora accesible a la mayor parte de la población. Parece que algunos organismos estiman que nuestro sistema sanitario está retrocediendo. Esta materia debería estar liberada de litigios políticos. Invertir en sanidad, en investigación y docencia para la salud, es rentable y debería ser compatible con un adecuado uso de recursos, ajeno a las preferencias injustificadas y vaivenes de los gestores.

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